sábado, 14 de junio de 2008

El maestro. Marta Doblas



Tengo de nuevo el gran honor y el placer de presentaros un bellísimo y emotivo relato de esta gran joven artista que es Marta Doblas. A mi me ha emocionado, y espero que a vosotros os ocurra lo mismo:




EL MAESTRO




El tiempo había pasado rápido y sin consideración de atropellar lo que tenia por delante. Mi juventud, mi rostro, y el entusiasmo de vivir se habían ido como si un inesperado soplo de viento hubiese entrado de golpe en mi vida, arrebatándome sin compasión lo que un día me había mantenido con una extraña pero cómoda felicidad. Lo único que me había salvado durante todos estos años era el recuerdo. Miré las puertas del lugar donde había transcurrido mi infancia, y que en una mañana nublada y triste había abandonado, prometiendo no volver.

Sin embargo ahora que había regresado, la luz del sol me invitaba con dulzura a entrar en el lugar. Mis arrugadas manos buscaron la cadena que siempre colgaba de mi cuello. Al final hallé una llave dorada, la empuñé y con un suspiro me impuse la sentencia de entrar en la casa. La hiedra había crecido en torno a los muros y los hierbajos cubrían el suelo donde tiempo atrás habían habitado las flores más bellas. Entré. El olor no había cambiado. Nunca podría olvidar esa fragancia. Nunca.

* * *

Una fría noche, un terrible incendio se originó en la casa de los Hawlett. De la familia tan solo sobrevivió la pequeña Edith; la joven sufrió graves quemaduras y los médicos determinaron que no podían hacer nada por ella. Edith siempre había sido una niña muy pequeña y frágil y la gente tendía a no fijarse en ella. Y esa noche, aquellos incompetentes se olvidaron de su cuerpo inerte en aquel camino, perdido en los montes de Francia. Sin embargo, un milagro sucedió: cuando las primeras luces del alba asomaban ya en el horizonte Edith tomó un nuevo aliento, volviendo a la vida.

Como consecuencia la pequeña quedó ciega y en ese momento, según se contaba, una mariposa se posó en sus hombros, guiándola hacia un lugar seguro. Días después cuando la niña se encontraba sola, su olfato, sentido que se había reforzado, la llevó hacia una casa. Edith, desfallecida por el esfuerzo realizado se dejó caer a las puertas de la casa, pidiéndole a su mariposa que no la abandonara.

Edith sintió como alguien la recogía, se la llevaba y la tendía en una cama tan blanda y confortable como lo había sido la suya antes de que fuese pasto de las llamas. Pasaron los días y descubrió que la persona que la había rescatado era un hombre maduro que le pidió que le llamara maestro. Ella accedió, su nombre era lo que menos importaba, él la había recatado de su destino. Él era su luz.

El tiempo pasó y aquel hombre se convirtió en su mejor y único amigo. Sus heridas habían sanado, y su maestro le enseñaba. Aquel lugar se había convertido en su santuario, en su lugar de reflexión y paz. Era su colegio. El maestro siempre hablaba de libros, y aunque Edith nunca se lo confesó, siempre deseó volver a ver, poder compartir con su maestro lo que más ansiaba en el mundo. Como todas las noches Edith pedía a su mariposa que le devolviera la vista.

Una noche, su maestro le leyó un libro, como siempre, pero sin embargo esa noche fue especial ya que la joven vio por primera vez en tanto tiempo aquel astro del que su maestro le hablaba: la luna llena.

A partir de ese momento, su maestro la enseñó a leer y a escribir. También Edith desarrolló una gran afición por la jardinería. Hasta entonces el jardín había estado abandonado, pero la joven comenzó a plantar y plantar flores llenándolo así todo de vida.

Pasaron los años y la joven aprendió tantas cosas que no podían ser recopiladas ni en cien bibliotecas como las del maestro. Notaba como los meses y los años pasaban por ella, pero no experimentaba ningún cambio físico. Edith pensaba que sin duda aquel lugar era una especie de paraíso para ella y sus flores.

Todas las mañanas, bajaba a su jardín y contaba historias de su invención a las flores y a las mariposas. Y las mimaba y enseñaba al maestro los progresos obtenidos. El maestro, sin embargo, si envejecía y poco a poco Edith, notó como su querido amigo se iba marchitando, cual flor en otoño. Una mañana, la joven fue a verle y se encontró con que sus ojos estaban cerrados y su expresión era serena, pero agotada como si una tropa de fornidos guerreros le hubiese arrollado.

Encima del escritorio de su maestro había una pila de libros, y sobre ellos, majestuosa, se alzaba una vitrina de cristal que contenía lo más bello que ella había visto hasta aquel momento. Dentro de aquella cúpula protectora había una flor: un lirio blanco.

En ese instante se percató que el maestro la observaba desde su lecho, con una sonrisa dulce en los labios. Edith se acercó a él, y dejó que le acariciara su pelo, como hacia cada noche. Y lentamente, con una última sonrisa el maestro expiró su último aliento, yéndose de aquel lugar silenciosamente.

En ese momento Edith comprendió que el alma de la mariposa había estado dentro del maestro siempre. Ahora le tocaba a ella emprender el vuelo.

* * *

Edith contempló de nuevo el lugar, y entonces los recuerdos acudieron a su mente. Era aquel olor, el olor que le había conducido a su verdadero hogar. Cerró los ojos.

Ésta era su historia, la verdadera y única. Ya habían pasado más de cincuenta años y aún recordaba el momento en que abandonó aquel lugar y se convirtió en adulta. Y ahora que había regresado recordó que su maestro decía que siempre quedan cosas por aprender. Su última y más compleja enseñanza era la de la vida misma.

Y así, siguió las escaleras y pasillos que conocía mejor que el laberinto de su pensamiento, y se dirigió a la habitación de su maestro. Allí la esperaba el lirio blanco, Tan fresco y bello como lo vio por primera vez. Edith suspiró y supo que de alguna manera había llegado al final de su viaje. Se relajó y por primera en tanto tiempo se dejó llevar por las sensaciones y el olor de los lirios.

Dentro de muy poco se encontraría y esta vez para siempre con la única luz que había alumbrado su vida: su mariposa.

1 comentario:

Mjesus dijo...

Un relato estupendo, es increíble que en tan poco espacio (porque se me ha hecho corto), se pueda albergar un contenido tan amplio, es una historia tierna y profunda, muy bien escrita.
Mis felicitaciones, y ojala esa mariposa te acompañe muy alto Marta.
Un saludo